Una hoja... tiembla (2008) 


Esta pieza está concebida a partir de la sucesión de diversos modos de interacción entre sus ejecutantes. La forma, de un solo aliento, se organiza como un juego de alternancia, combinación y variación de las distintas texturas y modos de acción. La evolución del campo armónico es esencial en el discurso, siendo el trabajo con las alturas un medio para la exploración del aspecto íntimo y sensible del contacto con el instrumento.

El carácter de la obra, globalmente estático e, internamente, en tenue pero continuo movimiento, sugiere posibles conexiones con el Haikú de Juan José Saer del cual fue tomado su nombre:

Plantas inmóviles
antes de la tormenta.
Una sola hoja tiembla.